Querido N.
Te saludo bajo un cielo profundamente azul
Te saludo bajo un cielo profundamente azul, azul y saturado. Tan despejado se proyecta en el horizonte que pareciera no tener final. Levanto la cabeza para ver si puedo encontrar alguna nube; tan arriba termino mirando que la nuca me duele un poco. Logro encontrar una: pequeña, difusa, de bordes que parecen difuminarse en el agua despejada del fondo en el que nadan sus vapores.
Las cigarras cantan al unísono en el bochorno del verano que empieza a concentrarse en nuestras cabezas. Hasta mi cuerpo frío y reptiliano empieza a sobrecalentarse al pasar la tarde. Supongo que el verano llegó para quedarse. ¿Volverán mis miedos de no volver a ver la nieve este año? Guardo esa pesadilla junto a aquella donde me enterraron viva mis obligaciones.
Pero cuéntame, ¿cómo está la ciudad? Apenas han pasado un par de meses desde que no nos vemos, pero ya comienzan a acomodarse las telarañas en los estantes de mi corazón. Pensaba que ya había descubierto todos los silencios que rodean los paisajes en los que vivimos, pero he descubierto que no es así. Aún parecen aparecer nuevas ondas que se mezclan con las rocas vibrantes del pavimento caliente y la desaparición de las personas en las calles.
El otro día leía un reporte que decía que este pueblo tendría la mitad de su población en veinticinco años. No sé si sea eso bueno o malo; lo que sí sé es que significa que seremos menos.
Es interesante pensar que estamos presenciando el último trazo de una historia que parece estar llegando a su final. La desaparición sutil de una forma de agrupamiento humano. Seremos una ciudad fantasma.
Creo que existe una belleza agria y acaramelada en esa idea. Una parte, la dulce y acaramelada, es que esto significa que las otras formas de naturaleza están ocupando cada vez más espacio, levantándose en una revolución para retomar lo que ocupamos.
Esto está relacionado con por qué vine. Buscaba estar más cerca de aquella naturaleza salvaje y hermosa que es creadora y destructora. Como el volcán cercano que hace apenas unas semanas decidió recordarnos su presencia, levantando heridas de generaciones pasadas enterradas en el lodo del derrumbe arrastrado por el agua.
Cada tren que llega parece ser el último. Alzo mis brazos para despedir a las personas que guardarán una parte de mí en sus memorias y pantallas, para ver si puedo conservarme positiva incluso cuando ya no pueda estar. Consérvame como ahora: sana, feliz y decidida.
Creo que estoy en mi mejor momento y las personas alrededor me inspiran a ser libre. Puedes ver en los rostros sonrientes y las frentes tostadas de las personas que son un poco más libres. Que sus espíritus están menos apretados en la sociedad en la que viven. Sus palabras también son más sueltas; preguntan sin reparos, con la curiosidad que surge de ver algo nuevo y querer entender el mundo del que proviene.
En mi piel, un color ocre y rosado también tiñe mis manos y cuello. ¿Será lo suficiente para resistir el invierno? Me mantengo positiva.
La otra parte es la amarga. Pensar que algo desaparece siempre duele. Siempre pesa. Se siente la responsabilidad de cada acto y evento. Supongo que está relacionado con nuestra extraña capacidad para crear finitud en un mundo infinito. Nuestra propia conciencia nos traiciona para hacernos sentir.
Qué doloroso es vivir con este corazón de cuero humano.
¿Pero dime cómo estás tú?
El otro día vi el libro sobre los cisnes que me mostraste. Aquel hermoso libro ilustrado, y me di cuenta de que la montaña de la portada es el colosal que veo cada día desde la ventana occidental de la casa. No pude evitar pensar en lo que me dijiste, o en lo que me dijeron tus manos al prestarme el libro de tu corazón: "Que todo está conectado".
Y por eso quise escribirte, tal vez tus estantes también estan vacíos ahora.
Me pregunto cómo está tu corazón de niño. ¿Ya pasó la tristeza que sentías? Te abrazo niño alto y astuto. Espero que puedas recordar que nuestro cuerpo envejece como una forma de recordarnos que debemos seguir moviéndonos: movernos para cambiar, explorar, aprender. Este mundo es tan plácido que, si no tuviéramos fecha de caducidad o preocupaciones, nada podría sacarnos de ello. Tu también lo sabes creador de palabras.
No dejo de pensar en lo que me dijiste y repito etéreo para ver si un día puedo entender su significado. No como una palabra, sino como una forma de vida. ¿Cómo se sentirá ser etéreo? Mi corazón lo anhela desde siempre. Supongo que tiene que ver con el peso del cuerpo, de la memoria. Mientras vamos usando nuestra facultad inmensa de perder, cortar, podar las ramas del hermoso retoño, aquel bonsai que queremos quemar como rama de oro el día que volemos de regreso a lo eterno.
Gracias por leer Mosukito.
Si te gustó por que no invitarme un cafecito ☕︎
Este maravilloso ejercicio es una forma de limpiar la mente y poner en order mis ideas. Si tienes mosukitos mentales te recomiendo hacer lo mismo.


Me he sentido etéreo mientras leía tu texto. Gracias ♥️
Gracias. Yo estoy bien. Mejor después de leerte. Muy bonito. Sí.