Querida muerte
No te tengo miedo. En realidad, te admiro.
Te respeto muchísimo. Te has ganado una fama tan grande que muchos ni siquiera se atreven a nombrarte. Eres como el más grande de los mafiosos, o el peor de los villanos, una sombra sobre el corazón de muchos. Te temen. No pueden mirarte a los pies. Creen que solo pronunciar tu nombre será suficiente para atraerte. ¿Pero por qué te temen tanto? Me lo pregunto constantemente.
Desde niña, siempre he pensado en ti como algo natural. Todo lo que está vivo debe morir. Ese es el ciclo de la vida. Sin embargo, no dejo de vivir el duelo por los seres que he perdido, por ver a otros derramar lágrimas por quienes ya no podrán ver.
Algunos te llaman mala, porque nos arrebatas todo. Porque apareces cuando nuestra alma está más oscura, como un escape. Pero yo no creo que lo seas. El agua no es mala por mojarnos cuando llueve.
Querida muerte, muchos olvidan que tienes múltiples nombres, y que tienes tantas formas como quienes te creen. Los seres de la Tierra te llamamos de maneras distintas. Estoy segura de que hasta los animales tienen un concepto para ti. ¿Por qué hemos olvidado que todo lo que somos vino de algún lugar? Hasta tú tienes un sentido en la vida. ¿Cómo puedo hacer que otros quieran mirarte?
Aun soy ignorante, pero he aprendido algo crucial: muchos le temen a las circunstancias y consecuencias que trae tu llegada. ¿Quién no lloraría a un familiar que pierde la vida en un accidente? ¿O a la agonía de una enfermedad larga y dolorosa? Pensar en que ya no veremos a esa persona hace que nuestro corazón se retuerza de dolor. Pensar en lo que no hicimos, en esos "te quiero," en las disculpas y en las palabras que no dijimos. Los asuntos sin terminar. Las ilusiones del futuro.
En nuestra existencia mortal, eres lo único que sabemos que sucederá algún día. Porque tú y la vida son gemelas. Los que más te conocen hasta dirán que eres la misma cosa. Más allá del dolor y la tristeza que dejas a tu paso, tú transformas. Cambias los lugares donde hay vida.
Y entre los humanos, algunos también te veneran. Santa Muerte te llaman.
Me aterra pensar que algún día ya no toques a mi puerta. Porque he entendido que, aunque mi deseo de vivir y experimentar el mundo es inconmensurable, mi alma está atrapada en los límites que ella misma se puso en este cuerpo, en esta vida, en este lugar. Si un día, por nuestra codicia, ya no vienes, siento que habremos perdido algo tan importante como la vida misma.
Mi intuición me lo susurra. Es tan insistente que no puedo dejar de escucharla. Nuestro mayor miedo es a lo desconocido, a perderlo todo. Cuando, desde el inicio, nada somos y nada tenemos. Todo está destinado a ser destruido, a cambiar. Desde una hormiga hasta el sol; es la ley del universo. El cambio infinito.
Querida muerte, quiero que las personas puedan verte. Aún no sé nada de ti, pero sé que eres hermosa, porque le das alas a quienes han perdido su cuerpo, creas vida de los desechos, y permites que nuestra esencia divina pueda cambiar, experimentar otra vida, seguir recorriendo el universo.
Creo que dormir se parece un poco a la muerte. Morimos cada día. ¿No esperamos algunos este momento como el más anhelado? El descanso, la introspección, la calma. Seguro se parecen. En la inmensa emergencia del universo, muchos patrones se repiten para crear nuevas formas.
Muchas lágrimas he llorado por los que te has llevado de mi lado. Pero no te temo; te quiero, te espero. Que tu venida sea pacífica y me permita cambiar, no solo para mí, sino para mis seres queridos. Creo que, entre más las personas se acercan a ti, te apareces como un amigo. No hay miedo cuando un amigo viene a recogerte.
Un médico paliativo decía que la muerte aparece como signos en el cuerpo. Somos iguales a los animales: nos aislamos, empezamos a dormir más, dejamos de comer, y finalmente de beber. Creo que esto ocurre porque debemos aligerar la carga del cuerpo, así el alma recordará su esencia y podrá irse. Recordando estas palabras, pienso ahora en mi abuela, mi último ser querido que se fue. Ella quería irse hace mucho tiempo. Durante años, hizo los primeros pasos de esta despedida. Sin embargo, en su infinita dulzura, no quería dejarnos tristes, por lo que aguantó todo el peso de la vida para continuar. En silencio. Complaciente. Muchos dependían de ella, física y emocionalmente. Muchos se aprovecharon de ella. Quizás estaba cansada de tanto drama; quería que los otros fueran responsables de sí mismos.
Sin embargo, donde sea que esté ahora, siento que mi herida ha sanado. Ya no duele. Es, más bien, una cicatriz. Mi intuición me dice que está bien. Mi corazón me dice que está bien. Mi persona más importante ya no está aquí, pero me sostiene con las memorias, enseñanzas y esencia que me dejó. Por que ella vive en mi. Yo existo gracias a ella. La persona más dulce que conozco.
Querida muerte, hoy elevo una plegaria por todos los seres que he perdido y por los seres queridos de quienes amo. Para todos los seres. Ayuda a sus corazones a entender tu necesidad en nuestras vidas, la verdad que trae tu venida, la posibilidad de transformación que ofreces. Eso que está más allá del cuerpo físico.
Quiero que estas palabras sean un bálsamo para quien tenga el corazón lastimado, que sean un faro para encontrar su luz.
No tengas miedo. Abrázala, que es un amigo.


excelente articulos
Me ha gustado mucho tu manera de mirar a la muerte, Luisa. Tan dulce... y coincido contigo.
Deberíamos hablar más de este tema (en nuestra sociedad, me refiero). Muchos sufrimientos se atenuarían, ¿no te parece?
Justo ayer pensaba que el miedo a la muerte es una forma extrema de miedo al cambio. La experiencia de vida a través de este cuerpo que habitamos es todo cuanto recordamos. Nos hemos acostumbrado tanto a habitar este cuerpo, que ya no recordamos cómo era estar sin un cuerpo, o tal vez en otros cuerpos distintos... y morir supone dejar ir este traje al que tanto nos hemos apegado. Supone el mayor de los cambios... 😌
Un gran abrazo para ti, y para todos los que se te fueron, dejando sus cuerpos aquí.
💜