Mar de palabras
Las palabras como seres vivos
Gracias por leerme semana a semana. Este maravilloso ejercicio es una forma de limpiar mi mente, poner en orden mis ideas. Si tienes mosukitos mentales te recomiendo hacer lo mismo.
Las palabras siempre me han fascinado. Aprendí a leer a una edad temprana, gracias a la paciencia y dedicación de mi madre como mi primera maestra. Uno de mis recuerdos más antiguos es el de una niña de cuatro años que pasaba horas leyendo enciclopedias sobre la naturaleza, repitiendo las palabras que aprendía. "Dragón de Komodo". Recuerdo claramente el día que leí esa palabra por primera vez. Aquel día descubrí que los dragones sí existen. Me lo imaginaba grande, inmenso, con alas, escamas, lleno de púas y escupiendo fuego, como en las películas. Más adelante aprendí que estos animales no escupen fuego, sino que su saliva, repleta de bacterias, es tan corrosiva que puede matar. También descubrí que eran más parecidos a una lagartija gigante que a las criaturas de las historias fantásticas.
Me encantaban los libros de cocina y los de viajes. Esa combinación de imágenes y palabras me permitía volar con la imaginación, explorando lugares lejanos, sabores desconocidos y animales que parecían casi míticos.

Leía en voz alta porque disfrutaba el sonido de las palabras, como si estuviera cantando una partitura. Aún lo hago cuando estoy sola. Muchas veces me detenía para preguntar el significado de alguna palabra. Al principio las leía sin entender que decía. Siempre me gustó pensar que cada palabra es como una pieza musical: sus letras y vocales crean una armonía única. Luego descubrí que una misma palabra puede sonar diferente según la región, el género o la condición social de quien la pronuncia. Identificar estas variaciones siempre me llenó de alegría.
Las palabras han sido mis compañeras desde que era pequeña. Primero las leía, y cuando aprendí a escribirlas, comenzaron a sentirse como algo propio. Ahora, escribirlas me hace sentir que formamos parte de un mismo universo: un acto de creación y conexión. Las palabras son mías, y yo soy de ellas. Cada vez que usamos una palabra, le damos vida. Las palabras existen gracias a quienes las usamos. Si desaparece un grupo étnico, su idioma también muere, incluso si es solo una variante de una lengua más grande. Las palabras son criaturas vivas que se sostienen a través de nuestras conversaciones, escritos y pensamientos. Nos miran, nos enfrentan, nos acarician, nos protegen, nos dan voz y vida.
"The limits of my language mean the limits of my world."
—Ludwig Wittgenstein
Qué fascinante me parece esta idea. Quisiera ampliarla. Con cada palabra que usamos, moldeamos nuestra mente. Las palabras son herramientas para ordenar nuestro mundo interno y comunicarnos con el externo. Este concepto revela cómo las palabras que conocemos y empleamos influyen en nuestra percepción del mundo. Hoy en día, los idiomas son más fluidos; cada vez más personas incorporan palabras de otros idiomas, especialmente del inglés, o adoptan términos en tendencia de distintas culturas.
Te propongo dos ejercicios:
Intenta organizar un pensamiento sin usar palabras.
No puedes decirlas, escribirlas ni leerlas. Intenta imaginar una receta para la cena o recordar el sueño que tuviste anoche. ¿Lo lograste? Estamos tan habituados al uso de las palabras que este ejercicio puede resultar complicado. Nos reta a explorar formas más intuitivas o visuales de razonar. ¿Qué aparece en tu mente? ¿Imágenes, sensaciones, emociones? Estas pueden reemplazar las palabras en la construcción de ideas.Reflexiona sobre cómo los idiomas influyen en nuestra percepción.
Piensa en un grupo de personas que no tiene una palabra para el color "azul". Aunque pueden verlo, quizás no lo distingan claramente, pues lo perciben como un tono de otros colores. Estudios demuestran que quienes tienen más palabras para describir colores tienen una ventaja cognitiva: identifican patrones y los procesan más rápido. Cada palabra amplía las fronteras de nuestro mundo.
Por eso me obsesioné con aprender palabras. Quería expandir los límites de mi mente. Leía diccionarios, libros, artículos. Instalé aplicaciones que me enseñaban una palabra nueva cada día y buscaba las letras de canciones. La que aprendí hoy fue "anacoreta", que describe a alguien que se retira de la sociedad para dedicarse a la contemplación. Quizás una señal del universo, ¿quién sabe?
Aprender nuevos idiomas amplió aún más mi mundo. Con el inglés descubrí un nuevo planeta; con el portugués, un continente diferente; y con el japonés, una dimensión completamente nueva. Cada idioma refleja la historia y la cultura de quienes lo hablan. Por ejemplo, en japonés existe "hibaku" (被爆), que significa "ser bombardeado o radiado", y "hibakujumoku" (被爆樹木), que se refiere a los árboles sobrevivientes de las bombas atómicas de 1945. Estas palabras encapsulan un contexto histórico y espiritual profundo, símbolos de esperanza en medio de la tragedia.

Quiero seguir aprendiendo más idiomas, palabras y variaciones. Este mundo diverso sigue moldeando mi mente.
Para finalizar, me gustaría preguntarte:
¿Cuál es tu palabra favorita en español?
La mía es "ojalá". Es corta, pero lleva consigo un contexto histórico y religioso que la hace fascinante.
Proviene del árabe ’in shā’ allāh, que significa si Dios quiere. Acuñada en el castellano antiguo como oxála, durante la invasión de los moros*
Referencias
* https://www.udep.edu.pe/castellanoactual/ojala/

EXCELENTE, "Aprender nuevos idiomas amplió aún más mi mundo. Con el inglés descubrí un nuevo planeta; con el portugués, un continente diferente; y con el japonés, una dimensión completamente nueva". Tu reflexion abre otros horizontes y las ganas de seguir explorando y aprendiendo idiomas.
Es como que, con cada palabra nueva que aprendes, colonizas una pequeña parcela de la existencia. ¿No? Qué bonito! Me ha encantado esta carta, Luisa. Interesante, profunda y dulce, como siempre.
Por cierto... nieveeee!! Wweeeee!! 😍
Firmado: una anacoreta en ciernes.