Hipopotamo
Entre las curvas de las calles, va balanceando sus contornos
Entre las curvas de las calles, va balanceando sus contornos.
No lo hace para atraer a nadie.
No tiene otro propósito alguno.
Solo camina con el cuerpo que le han dado.
Solo camina porque eso fue lo que le dijeron que hiciera.
Y lo hizo.
Y se sintió bien.
Por eso continúa.
Tanto le recuerda su propia historia a la de los hipopótamos.
Esas criaturas que no son de tierra ni de agua. Las que los griegos antes llamaron caballos de agua. Porque, aunque parecen lentos, cuando tienen que moverse son los más rápidos de todos. Ni tan grandes para ser elefantes, ni tan duros de coraza para ser rinocerontes.
Dóciles de ojos, pero de los más mortales por su naturaleza impredecible.
Eso es: un hipopótamo en la acera. Una historia que ya había leído alguna vez en los periódicos de alguna república bananera.
Aunque le han dicho muchas veces que debería ser de otra forma, su cuerpo no encaja, no para de esculpirse.
Conducido entre las presiones de su mente y su alma. Entre los límites que separan lo real de la ilusión. El ser, del querer, de la obligación.
Ahora, donde vive, aunque intenta no llamar la atención, no deja de hacerlo. Pues sus pisadas gruesas y pesadas, de bordes calientes por el bullir de su sangre, van dejando huecos entre la nieve.
Espacios donde el sol se filtra y, en medio del invierno, cuando nadie lo cree, buganvilias florecen desde el suelo. Con un rojo más fuerte que el de los nanakamado 七竈 en invierno. Como en una fábula de Gabo, la fantasía se hace viva entre sus grises manazas de mamífero y sirena.
Su propia existencia es una pregunta.
A veces se abalanza a responderla, pero sabe que no tiene sentido hacerlo, pues ya en otra vida halló la respuesta y, cuando la encontró, nada cambió. Nada. Solo el más pesado de los silencios se instaló en su alma. Silencio, hermoso y vacio, pero lleno al mismo tiempo. Tan lleno y pesado que se volvió un hipopótamo.
Sin embargo, si alguien tiene una idea de la respuesta, le gustaría escucharla. Pues así, tal vez, algún día sea un elefante.
Gracias por leer Mosukito.
Este maravilloso ejercicio es una forma de limpiar la mente y poner en order mis ideas. Si tienes mosukitos mentales te recomiendo hacer lo mismo.
Si algo te ha resonado, no dudes en compartirlo. Estamos aquí para aprender el uno del otro.
Un saludo, y nos leemos la próxima semana ✨

