Hambre
Ponerle nombre a las cosas
Cristales de azúcar oscuro en el cuero. Pelo sobre el lomo. Dientes afilados. Saliva que se le acumula en la boca. El aire pesado, la respiración caliente.
He descubierto que en mí habita una criatura obscena. De cuerpo peludo y alargado. No se parece a ningún animal que haya conocido, pues es una mezcla de humano, cerdo, ratón y ave.
Cerdo, por su estómago y sus maneras. Un estómago que parece no tener fondo, no tener final. Solo se ensancha, se agranda, va abriendo sus pliegues hasta que ya no queda más espacio. Sus maneras, pues no puede parar, hasta que su cuerpo, derrotado por el frío de las articulaciones, que han perdido toda su poca sangre, cae rendido en un ataque de glucosa. Ratón, pues se escabulle para no ser vista, buscando entre los rincones de los estantes los regalos, los pasteles, los chocolates. Acumula tesoros en su madriguera. Ave, porque sin mucha habilidad, como si de torpes alas se trataran, intenta abrir los envoltorios con apéndices que fueron hechos para volar y como si de un pico se tratará, olvidando sus dientes, intenta engullir sin mascar.
Esta criatura es quejumbrosa, y tiene un capricho más grande que mi propia forma. Una sombra que quiere devorarlo todo a su paso. Es tan diferente de la luz, que solo sale de noche. Le da vergüenza que la vean de día, por lo que nunca ha aparecido a los ojos de nadie. Pero muchas veces ha estado a punto de ser descubierta. Siempre escondida, entre las láminas gruesas de las paredes y el teflón. Es sigilosa, no quiere que nadie la oiga, pues sus patas siempre están revolcando los envoltorios de colores de los manjares de azúcar. Sus manos no paran, no puede hacerlo, pues siente como le vibran las venas al acercarse al arcoíris en los plásticos. La anticipación del deseo cumplido, de meterse a manotadas los gránulos de sacarosa entre los dientes. La odia, no quiere que exista. Se odia. Se siente como el hombre lobo que detesta en quien se convierte cuando cae la noche. ¿De dónde viene esta estirpe? No logra entenderlo, pero sé que un día decidió nacer, tal vez desde un deseo o una falta.
Si eso es, nació desde la falta, la carencia de algo.
¿Pero qué era eso que necesitaba tanto que hizo nacer a una criatura tan desesperada? Solo del deseo más profundo podría haber nacido un ser tan complejo, tan elaborado, tan extraño.
Mientras se mete los puños completos llenos de azúcar, intenta entender porque las lágrimas se derraman de sus ojos. Un réquiem, dulce melodía de su alma. Sabe que con cada bocado se aleja más de aquel propósito sagrado que la persigue.
Las lágrimas son debido a esta pérdida, a este dolor.
Pero hay algo más, profundo, adentro, su corazón no para de decirle. Porque solo cuando es de noche, cuando nadie puede tocarla, cuando no queda nada en su mente, en la oscuridad de su habitación es cuando se transforma. Aparece la criatura destrozando las comisuras de su piel de papel. Solo parece cuando está sola, cuando no solo las personas, sino también las ideas la han abandonado. Solo en aquel momento, este extraño chacal es consciente de su fuerza y decide presentarse de entre los jugos de su estómago y el palpitar de su corazón para intentar por una vez, matar al hada que no lo deja tomar el control. Ella, sabe, sabe que si se da la espalda, esta extraña forma le saltará encima. Ya perdió una de sus alas en uno de los intentos.
Está cansada, está pesada, pues en su vientre nace una idea. Porque sí, las hadas no dan a luz niños, sino ideas, luminosas, de entre las más bellas de todas. Esas que duran años gestandose, aquellas que cambian imperios, dan forma a las culturas, inspiran poetas. Ya no quiere luchar más con ella, no tiene fuerza, toda se ha ido en darle forma a su hija, esta idea.
En una noche de fresca primavera encontró la forma de domesticar a la criatura. Gracias a que un hechicero le contó la historia de su patria, aquella donde las hadas le daban nombre a las cosas para que se vuelvan suyas.
En los pueblos del norte “Si las cosas tienen nombres, son tuyas, te obedecerán”.
Ha decidido que quiere ponerle nombre a este extraño ser, volverla suya. Acobijarse con ella en los inviernos, y aunque tenga una horrenda figura, retorcida y un voracidad capaz de acabar con todos los bosques; la nutrirá de deliciosos peces del río, frutas de jugos claros, nueces de la tierra y de los árboles, y néctar de las palabras. Al principio puede ser difícil, pero solo así parece que podrán coexistir.
En días pasados cuando le pastel de raíz del sol, el pelo oscuro de la criatura brillo con hermosos colores tornasolados, y por primera vez, cree que la vío sonrreir. Necesita alimento de luz. Entendío.
Esta hada no quiere caer en las viejas historias de antaño, donde las guerras empezaban por el asesinato de un ser inocente que no sabía la razón de su existir.
Te abrazo, “hambre”, así decidí ponerle, porque descubrí que tenía hambre de conocer el mundo, de saborearlo.
Gracias por leer Mosukito.
Si te gustó por que no invitarme un cafecito ☕︎
Este maravilloso ejercicio es una forma de limpiar la mente y poner en order mis ideas. Si tienes mosukitos mentales te recomiendo hacer lo mismo.
Si algo te ha resonado, no dudes en compartirlo. Estamos aquí para aprender el uno del otro.

