Extranjilandia
la nación que no decidío formarse
Todos los extranjeros somos residentes de un país llamado Extranjilandia*. Nadie sabe el lugar exacto de esta tierra, pues todos sus ciudadanos sufren de una extraña enfermedad. Para algunos, los primeros síntomas aparecen al perder la capacidad de producir el lenguaje propio. Muchos se quedan en esta fase, se mantienen ahí para siempre. Entre palabras erosionadas, que barajan en el tiempo para crear discursos, relaciones, explicar sus emociones. Sin embargo, para otros, los síntomas pueden ser más graves. Aquí es la fase crítica de la enfermedad. Ocurre el endurecimiento de la mandíbula, la imposibilidad para hablar. Como rocas, mover los músculos vocales se hace pesado, duele, duelen las maxilas, pero duele más el corazón. Poco a poco, su incapacidad para hablar, termina creando adultos analfabetos. Personas que son incapaces de comprender o expresar sus necesidades. Esta última es la fase crítica de la enfermedad. Algunos la han relacionado con la depresión y la ansiedad. Silenciosa, el virus de la soledad se termina alojando, hasta que mata al corazón de quien sufre del síndrome de Extranjilandia.
En todas partes del mundo cada vez son más los afectados por esta enfermedad, tantos que se han hecho necesarios programas para aprender idiomas. Ya no es suficiente con lo que aprendemos al inicio de la vida. Ahora necesitamos volcar nuestra energía en trazar de nuevo los surcos de nuestra mente, que entre caminos de objetos, sujetos, adjetivos y sustantivos intenta crear nuevo sentido. Buscar sentido, expresar sentido.
Pues aquellos que viven en este país parecen viajeros del tiempo. Solo ellos cargan en sus maletas los recuerdos de un tiempo que existió. Son fotografías andantes de las épocas que vivieron. Una mezcla de retazos de las nuevas telas que los visten. Entre sus cabellos guardan las nieves de los inviernos boreales, las flores del trópico, las hojas rosáceas de otoño, el ardiente sol y la suave brisa de verano. Son los únicos que pueden vivir en dos tiempos, o más. Entre la relatividad de añorar ese lugar del que provienen y el sonido del tráfico mientras esperan la luz del semáforo. En sus párpados llevan tatuados sus nombres, para que no olviden cómo decidieron llamarlos sus padres un día. Para que no olviden cómo escribirlo. Y en el borde siempre cuelgan de sus ojos una capa de humedad lechosa de agua, por la constante nostalgia con la que viven. Esta extraña enfermedad parece mortal, pero no lo es. En realidad, así como las células falciformes y los Plasmodium, la vida puede hacerse más difícil, pero previenen un mal mayor. Aquellos que pasan al estado agudo de la enfermedad, se hacen inmunes al nacionalismo. Aprenden la verdad sobre la nación humana.
Sin embargo, la mayoría muere sin saber que tenían los primeros síntomas.
Sobre Extranjilandia, ciertas cosas se saben. Muchos dicen que es una isla, pues no tiene límites con ningún otro territorio, por eso nadie puede dar testimonio de su existencia. Parece que está en algún lugar entre la línea del cielo y el borde del mar. Allí donde con los ojos enrarecidos y los labios entrecerrados miran quienes han decidido dejar su tierra. Abducidos por las culturas ajenas y la necesidad de conexión.
De todas partes provienen los residentes de este extraño lugar, que parece más mítico que el triángulo de las Bermudas. Blancos, negros, rojos, marrones, arcoíris de barro que guardan en su pecho el dolor de haber perdido. El dolor de haber dejado. El dolor de no estar allí.
Con el tiempo y las generaciones, algunos olvidan que pertenecieron a este lugar. Más un rasgo es evidente: en su piel, hermosos destellos tornasolados brillan al reflejar la luz del sol. Destellos tan brillantes que nacen de sus terminaciones nerviosas. Los científicos han comprobado que estas estrellas nacaradas de menos de 1mm de diámetro aparecen luego de un largo periodo de dolor extendido, uno que no fue liberado, que se contuvo. Acumulándose entre los nódulos nerviosos hasta que su capacidad no fue suficiente, causando su explosión.
Incandescentes supernovas en nuestros nervios.
Intentando olvidar lo que perdieron, los habitantes de esta nación pasan sus días abstraídos entre noticias y eventos deportivos, o viajando de un lado a otro en su nueva tierra. Intentando aprender, intentando comprender, pero, sobre todo, intentando hallar. Intentando encontrar algo que les dé sentido. Para ver si algún día pueden pertenecer a este nuevo lugar.
Sin embargo, cada vez que bajo los rayos de sol otro con destellos similares se aproxima, no pueden evitar sentir una pulsión en el pecho. Una alegría, pero a la vez tristeza, pues ambos están perdidos en el mundo. Ambos, enfermos pero sabios, no logran encontrar su lugar.
*Termino acuñado por primera vez por Roberto Bolaño, en una de sus entrevistas en los 90.
Gracias por leer Mosukito.
Si te gustó por que no invitarme un cafecito ☕︎
Este maravilloso ejercicio es una forma de limpiar la mente y poner en order mis ideas. Si tienes mosukitos mentales te recomiendo hacer lo mismo.


Definitivamente después de haber vivido en 5 países y 11 años después de haber ido del mío. Sé con seguridad que soy ciudadana de extranjilandia.
Me encanta la palabra y aunque siempre me ha gustado ser extranjera entre otras cosas porque me permite ser un observador sin tener que comprometerme a pertenecer.
Estoy llegando a un punto donde anhelo comunidad, ese apoyo que solo te da la raíz y la verdad es que me parece difícil imaginárme de vuelta en mi país natal (Venezuela). Pero teniendo 8 millones de venezolanos fuera he visto de primera mano esto que describes aquí.
Es una cuestión a la que me gusta darles vueltas. Supongo después de todo que aunque ame lo que he construido aqui siempre estará la incógnita de lo que hubiese podido ser.
Hace unos meses escribí esto.
https://anglica.substack.com/p/cuanto-tiempo-se-duele-algo?utm_source=share&utm_medium=android&r=1ftor1
Muy bueno eso del concepto de Extranjilandia; y no sabía que había sido acuñado por Bolaño. Habrá que hacer un encuentro en Colombia algún día con todos los allegados de Substack.