El último lugar
¿Que lugar ocupas en tu vida?
“El burro por delante” decimos en Colombia para referirnos a que siempre debes poner al otro primero. Esta frase me gusta y me contradice. Me gusta porque significa que quienes la siguen priorizan a los otros antes que a ellos. Pero me contradice, pues le da a quienes la usan el segundo lugar en todo. Además, esta frase pone a los otros en el puesto de un burro, un animal que, lamentablemente, ha sido estigmatizado como irracional y tonto. (Nota mental: Investigar de dónde viene esta idea).
Quise comenzar aquí porque hay algo que me contradice desde hace mucho, pero recientemente aún más: “Los otros van primero”.
Cuando era pequeña, mi padre solía traernos dulces cuando regresaba de sus viajes. A veces del extranjero, a veces de otras regiones del país. Sabía qué nos gustaba a mi hermana y a mí. Nos traía diferentes delicias cubiertas de nueces, frutas con almíbares, algunos que tenías que armar para recibir el premio, formas misteriosas de sabores ácidos y dulces, latas de amargos y acaramelados, entre otros. Muy vistosos e interesantes.
Al llegar a la casa, dejaba su maleta cerca de la puerta, se lavaba las manos y, luego de un largo abrazo a cada una de nosotras, dejaba los dulces sobre la mesa. “¡Niñas! Les traje una sorpresa”, decía. Ambas corríamos emocionadas para ver la novedad. Yo, por ser la mayor, llegaba antes. Podía tener una vista privilegiada de los regalos. Ya sabía cuál quería. Mi hermana llegaba unos segundos después. Cuando ambas estábamos reunidas, nos preguntaba: “¿Cuál quieren?”. Recuerdo muy claramente las veces que, solo con preguntar, yo ya señalaba el que quería. Algunas veces porque el otro no me interesaba; otras, porque ya lo conocía. En esas ocasiones, mi padre, no muy feliz, me decía: “Luisa, no seas envidiosa. Deja que tu hermana escoja primero. Ella está más chiquita”. Esto pasaba no solo con los dulces, también con otras cosas del día a día: dónde sentarse en el carro, quién entraba primero a la ducha luego de ir al mar, quién se sentaba primero frente a la tele, quién podía tomar primero la comida servida, entre otras. Me sentía mal. No quería dar un ejemplo inapropiado a mi hermana y, mucho menos, hacerla sentir vulnerable solo por haber nacido después. Luego de varias veces que esto pasara, aprendí: “Los otros van primero, no está bien ponerte antes”.
Con el paso de los años, lo seguí manteniendo en mi mente.
Este es un principio que tengo tan internalizado, que terminé abandonándome muchas veces a las decisiones de los otros. Cuando la decisión solo me involucraba, podía darle vueltas en mi mente hasta escoger la que más me beneficiaba. Pero cuando otros también escogían, casi siempre era la última. Aprendí a que no me importara. “Al menos tengo algo”, me decía. Esto también conllevó a que le diera menos importancia a mi voz, pues “no estaba bien” o sería “una persona envidiosa” si ponía mis deseos primero.
Abandona tus sentimientos. Aléjate de tus deseos. Tu vas en segundo lugar. No, ni siquiera ahí, tu lugar es el último.
Detrás de las palabras de mi padre, yo entendía que, al dejar a los otros ir primero, sería una “buena” persona. Este principio moldeó muchas cosas en mi mente y cuerpo. Tiene sentido, levanté su bandera fanáticamente durante muchos años.
Sin embargo, en los últimos años entendí que no quiero ser una “buena” persona. Más bien, quiero ser la persona “ideal” para mí. Porque yo soy mi más alto estándar. Es imposible cumplir con las perspectivas de todos los demás. Somos demasiados.
Ahora pienso en este principio diferente. Es cierto, los otros van primero. Porque, de esta forma, tú también tendrás un lugar desde la perspectiva de los otros. Esto se relaciona con la vida en sociedad, para que sea más fácil, llevadera y respetuosa. Por más introvertidos que seamos, los seres humanos somos animales sociales, necesitamos de los otros. Muchas veces solo para validar su “existencia” y, de esta forma, la nuestra también. “Si los otros están aquí, yo también puedo estar”. Es un principio básico de nuestra supervivencia. En el pasado lo hacíamos para protegernos, pues los seres humanos, débiles como individuos, somos grandes fuerzas en masa. Ahora lo hacemos para validarnos también.
Sin embargo, todo tiene un límite. No podemos dejar que los otros vayan siempre primero. Dejar que los otros te moldeen puede añadir elementos de creatividad, belleza y grandes cambios. Podemos ceder en ciertas cosas. Pero, dejar que toda nuestra vida sea moldeada por las decisiones de los demás nos hará infelices. Sin expectativa ni decisión. Vacíos. Debes poner tus límites.
Si esa es la perspectiva ideal para ti, está bien. También estás eligiendo. Pero a veces, debes tomar lo que quieres antes de que lo tome otro.
Me gusta pensar que somos como masas de barro. Podemos esperar que nos moldeen, que nos sometan a diferentes calores, pinturas y formas. Las personas y sus decisiones pueden ir agregando piedras preciosas y colores a nuestra forma, pero con poco cuidado también pueden agregar grietas y huecos, muchos sin malas intenciones, solo por desconocer nuestra naturaleza. Esos elementos que componen nuestra materia.
Algunos tenemos por naturaleza más níquel o hierro, otros más plomo, otros más agua o hasta fragmentos de otras rocas. Como masas, tenemos el potencial de ser lo que queramos: dejarnos moldear o moldearnos a nosotros mismos. Las decisiones nos moldean, por lo que se hace importante entender nuestro potencial de cambio. Hasta donde podemos ceder sobre un aspecto u el otro. Creo que este se mide por los elementos que nos componen, que, en su infinita flexibilidad, abren nuestras posibilidades. Esas posibilidades de ser nuestro “ideal”.
Si conoces tu naturaleza y tu “ideal”, podrás saber en que lugares debes ser el primero, y en cuales el segundo, tercero o último.
“Eres barro y en barro te convertirás”, dice mi mamá. Nunca olvides que tú también eres una creación de la naturaleza. Tu lugar en el cosmos es exactamente el mismo que el de cada pájaro, roca, criatura, estrella o galaxia lejana. Todos ocupamos el primer y último lugar en el orden del universo. Tus deseos son tan importantes como los de todos los demás. Nunca lo olvides. Somos todo y nada al mismo tiempo.
Todos somos barro, y a la naturaleza volveremos, en el eterno existir del universo.



Me ha encantado ese cierre final, Luisa. Con broche de oro. Y tu autorretrato, te lo creas o no, también me ha encantado! Entiendo perfectamente lo que es saberse, en el fondo, un "ente" sin forma rígida a la que aferrarse. 😊
Sobre el ponerse en prioridad a una misma, resueno con tu creencia aprendida de que querer algo para ti misma y ejercer ese deseo es algo "egoísta". Me ha costado bastante trabajo disolver esa tendencia a poner siempre a los demás por delante de mí.
Hoy en día cedo o me flexibilizo más o menos dependiendo del contexto, adaptándome a la situación. Hay cosas que son más importantes que otras, en las que suelo ponerme en primer lugar sí o sí (como la salud física o mental, por ejemplo), y luego hay otras cosas en las que calibro las repercusiones para mí y para la otra persona (en la medida en que se pueda) de priorizarme a mí, y de no hacerlo; si veo que es más necesario o importante para la otra persona que para mí, cedo.
Pero muchas veces esto no es fácil de calibrar, y ahí se pone compleja la decisión... 😅
Que lindo Luisa 💗 me encanto esta forma de ver “nuestro lugar en el mundo” nunca lo había contemplado así. Que importante encontrar nuestro espacio pero también salirnos de la rigidez 🥹 gracias por compartir.