De regreso
La misma historia
Ahí estaba otra vez, contando una historia similar a la que ya conocía. No podía creer que estaba en ese lugar al que dije cinco años que no volvería otra vez. Aquella oficina, donde algunos de los males de la sociedad humana se juntan. Ese era el lugar en el que estaba. Mi cuerpo, apenas sentado sobre la silla de escritorio se acomodaba de nuevo a la forma de trabajo, luego de pasar varias semanas conociendo lo que era la libertad, sin la ansiedad de no tener para comer. En frente un escritorio más largo que los brazos, intentaba alcanzar el teclado del computador. Era un movimiento diferente, pero me recordó lo alta que estaba la alacena en esta nueva casa. Supongo que si tengo un tamaño pequeño, incluso en esta parte del mundo.
Pensaba que era la misma situación, aquella oficina, las personas en uniformes del gobierno, los trajes, las llamadas constantes de residentes de la zona. Eso pensaba.
Antes de que mis oídos lo escucharan, mi cerebro reptil percibió algo, un pequeño dolor, como el piquete de un mosukito apareció en mi mente. Pequeñísimo y apenas significativo. Sin embargo, a los pocos segundos una fuerte alarma que provenía de algún lugar en el edificio en el que me encontraba. Fuerte, precisa, emergente. Sin pensarlo mi mano agarró el teléfono esperando la notificación de emergencia, pensé que era un terremoto, o tal vez, como hace tres años, un misil proveniente del país del norte. Pero no, no era esto. Era diferente. Era la alarma que anunciaba las 12 del día en aquel pueblo en medio de las montañas y los campos de cultivo.
Me calmé y entendí, ya no era la misma historia. Ya había aprendido algo más.
Es curioso cómo vamos pasando por la vida contándonos las mismas historias, sobre nosotros, sobre los eventos, sobre las experiencias. Vamos con una caja de herramientas prediseñada desde la primera vez que vivimos algo similar. Sin darnos la posibilidad de que haya una segunda oportunidad. Es curioso, no dejo de pensarlo. ¿De dónde se habrá generado este mecanismo en nuestro cerebro?
Aunque sea algo que a veces se hace muy difícil de apagar, no es imposible. Aquí es donde están las verdaderas victorias, creo yo.
Seguro tú también te has parado frente a una situación en la que las cosas no salieron tal como pensabas. Amargamente, nos resignamos al resultado y con aquel sabor similar al vinagre desde el corazón a la boca, pensando que lo haremos mejor la siguiente vez. Desde aquel día en aquella libreta mental que todos cargamos en la mente se traza una línea entre las listas interminables de pendientes y posibilidades. La lista más larga y de la que tal vez nos vayamos antes de poder cumplirla totalmente.
La próxima vez, la próxima vez.
Después de unos caóticos y maravillosos meses, encuentro de nuevo el espacio para escribir. Aunque lo hago casi a diario, más como un diario, siento que volvió a aflorar en mí un mosukito que quiere volar, y en el que tal vez ustedes también puedan hallar algo parecido con los suyos propios.
En estos meses, estuve limpiando un poco y puliendo la caja de herramientas con la que voy por la vida. Aunque mis alicates y destornilladores no sean los más nuevos, gracias a un descanso y días de sacar la basura me empiezo a sentir de nuevo liviana. Tenía un tiempo límite para hacer esto, quería terminarlo antes de iniciar mi nuevo trabajo, aquella actividad en la que más paso el tiempo y que más estrés me produce.
Tenía una idea de lo que sería este lugar, lo que tendría que hacer, pero me llevé una sorpresa al ver lo similar que era a la oficina en la que trabajaba en Colombia. Un lugar al que pensé no regresaría, del que pensé que me había graduado.
No lo esperaba. Pero me gustó lo que experimenté.
Ahora se sentía diferente, las mismas cosas de antes. Aquel peso de la incomodidad, la descarga constante de vibración en los nervios de no saber qué hacer, el sentirse inútil y vulnerable.
Pero era diferente, ahora tenía cicatrices y un compañero de batalla.
Ahí estaba yo, en aquella oficina, frente a la oportunidad de oro de volver a enfrentar al mismo monstruo, y aunque ya me habían engullido y escupido, una feroz fuerza repleta de aire caliente se acumulaba en mis venas. Aunque este monstruo es más grande, siento que puedo intentar dar la batalla.
Supongo que esto es lo que llaman madurar.
Vamos a ver hasta dónde me lleva esta pelea.
Deséeme suerte.
Gracias por leer Mosukito.
Si te gustó por que no invitarme un cafecito ☕︎
Este maravilloso ejercicio es una forma de limpiar la mente y poner en order mis ideas. Si tienes mosukitos mentales te recomiendo hacer lo mismo.

