Aguas termales
Como Japón me ayudo a encontrarme en mi cuerpo
Apretada, estrujada, oprimida, dañada, manchada. Así se sentía habitarme. Siempre me había sentido encerrada en mi cuerpo. Pensaba, que mis límites con el mundo se dibujaban por las líneas que contenían mis surcos. Cada uno más pronunciado que el anterior. Mi alma se sentía libre, pero paredes de carne me apretaban para no moverme.
Nunca me gusto lo que veía al espejo. Además, en mi casa se me enseño que la vanidad era peligrosa, pues te podría hacer superficial y tonto. Un poco, estaba bien, pero había la posibilidad de salir de control era demasiado aterradora. Por lo que se alentaba mayormente a cultivar el intelecto. Lo que, al parecer, elevara la mente y el alma. Por lo que en todos los lugares que habite, solo había espejos en los baños. No recuerdo mucho sus formas, poco me fijaba en ellos. Tampoco me gustaba mirarme mucho. Me parecía que mi cara o cuerpo no tenían nada especial. Por lo que apenas los usaba para peinarme un poco. En mi nada espectacular o bello. Mi cuerpo era un territorio aún más desconocido. Me apenaban mis formas. Nada esbeltas y llenas de bultos. Tan diferentes a lo que veía en la televisión o las revistas.
La desnudez en mi cultura es un tabú. No recuerdo haber visto jamás a ninguna de mis amigas desnudas, o alguna parte de su cuerpo. Nunca he visto a mis padres desnudos. Ni a mis abuelas. Ni a mis tías. Cambiarme de ropa SIEMPRE fue con la puerta cerrada. Tapándose con una toalla. En el colegio, ni siquiera para ir a clase de deportes. Cada estudiante, penosamente, se cambiaba en un baño, desde su casa o en un rincón del salón para no ser vista. Los hombres pueden estar desnudos en el torso, pero el mostrar los órganos sexuales era una noticia si ocurría. Si como mujer muestras demasiado, eres una promiscua, estas buscando la atención de los hombres o te crees superior. Todas nos tapamos. Todos ocultamos lo que tenemos. Me enseñaron que era vergonzoso si alguien más me veía, pues debía guardar esa imagen solo para mi ser amado. Ni siquiera yo misma podía verme.
¿No podría llegar yo misma a ocupar ese lugar?
Muchas cosas me ayudaron en los últimos años. Madurar, estar sola, vivir alejada de mis padres, de mi cultura. Pero una que ayudo especialmente abriendo mi perspectiva fueron los baños termales japoneses.
Existen dos tipos de baños termales en Japón, los Onsen 温泉 y los Sentoh 銭湯. La diferencia entre ellos es en el primero, tiene aguas calientes naturalmente y están rodeados de mucha naturaleza. En el segundo, las aguas son calentadas con gas u otros métodos, y normalmente están en la ciudad o cerca a centros urbanos. Estos lugares pueden sonar como aguas termales usuales. Sin embargo, para entrar debes hacerlo totalmente desnudo. Totalmente expuesto a las otras personas. Es posible llevar una pequeña toalla, de alrededor de 60 x 20 cm, que se usa para secarse al salir del agua. Algunos la usan para cubrirse también, sin embargo, es tan pequeña que parece un esfuerzo innecesario cada vez que ves a alguien hacerlo.

La primera vez que fui me sentía nerviosa. Varias de mis amigas me insistieron en ir. Quería vivir la experiencia, por ser algo único en Japón, pero sabía que estaba cruzando muchas barreras de mi cultura y mis valores. Sin embargo, la curiosidad termino por ser más fuerte que la vergüenza.
Que buena decisión Luisa del pasado.
Nos despedimos de los hombres, que irían a otra área, pues usualmente los baños están separados por género, y entramos al cambiador de mujeres. No sabía que encontraría al cruzar la cortina.
Que grata sorpresa. Me di cuenta de que parte gran parte de mi ansiedad se perdía al ver a las otras personas andando con tanta naturalidad desnudos por la habitación. Mujeres de todas las edades. Altas, bajas, con diferentes formas y toallas de aquí allá. Mis hombros se relajaron y me deje llevar por el proceso.
Quitandome la ropa, me di cuenta de que podía contar con los dedos de las manos las escasas veces que había visto a otra persona desnuda. Esto me hizo pensar en los ejemplos irreales con los que me comparaba, que muchas veces eran personajes ficticios, o personas que jamás había visto en la realidad.
Siempre he pensado que los seres humanos somos animales extraños. Monos lampiños, con fuertes extremidades inferiores, que se paran erguidos desafiando a la gravedad. Con cuerpos llenos de formas, que en cada cultura cambia de acuerdo con la selección sexual. Un gran abanico de diversidad. Estar en esta habitación, con todas estas personas mostrando su desnudez, me hizo ver que solo era uno más. Un cuerpo en medio de la multitud. Que mi desnudez no era algo especial, y tampoco la de los demás. Solo otra cosa. Observaba cuidadosamente para no ser irrespetuosa, mientras ampliaba mi perspectiva de las formas que puede tomar nuestro cuerpo.
Ver a mis amigas tan de cerca en toda la vulnerabilidad de su cuerpo desnudo, también abrió en mi otro nivel de amistad que no conocía. Sentía que destapaban parte de su alma frente a mí. Ellas también siendo de culturas diferentes a la japonesa, compartían este acto de confianza conmigo. Me abrían su corazón. Lo agradecía desde lo profundo.
Este era solo el inicio, pero ya podía ver como esta experiencia estaba cambiando una parte de mi.
Me duche para entrar a las aguas calientes. Una piscina con paredes de roca esperaba por mí. Entré al agua.
Una suave sensación de placer recorrió mi cuerpo. Me adentre un poco más. Mi cuerpo se sentía en mayor calma. Tuve la necesidad de cerrar mis ojos. El sonido del agua corriendo, las voces de algunas personas y las luces bajas creaban una perfecta atmosfera de compañía y relajación. En mi mente estaba sola y en calma, pero sabía que había personas a mi alrededor. Era perfecto.
Aquel día hable un poco con mis amigas, intente ir a la mayoría de las piscinas y sauna. Aromas florales, sal y minerales. Cada minuto, me sentía más libre, más ligera por darme cuenta de que no tenía sentido esconderme, que era igual que todos y que ninguna de ellas. Aquel día, siento que fue el primer día que me sentí totalmente libre de mostrar quien soy. Literalmente sin prendas ni ataduras. Tanto el exterior como el interior. Que sensación tan agradable.
Si tienes la posibilidad de venir a Japón un día y probar esta experiencia, creo que es una increíble forma de terapia para la aceptación corporal y el amor propio. Además de ser muy relajante. Dar ese paso, fue la primera piedra para tomar decisiones más cuidadosas con mi cuerpo. Respetando esa herramienta que me fue dada para probar la mortalidad.
Ahora cada vez que puedo ir, intento hacerlo. Cada estación cambia la experiencia. Siempre invitando a más personas a vivirlo por sí mismos, a experimentarse en la relajación y el silencio de las aguas termales. Una experiencia que te abre el corazón y la mente.

Gracias por leer mi mosukito de esta semana. Te envío un abrazo y nos seguimos leyendo.
Algunas preguntas que me surgen ahora:
¿Tienen en tu país un sistema similar?
¿Has tenido una experiencia similar en otro lugar?

Qué bonita reflexión ✨ Leerte me transporta directamente a través de Japón y a esa sensación de soltar todo lo negativo que dirigimos hacia nuestro pequeño templo terrenal, aunque solo lo logremos por un rato. A veces parece que nos cuesta darnos permiso para parar y simplemente estar, pero cuando lo hacemos, como tú bien describes, la vida nos regala momentos que nos reconectan. Gracias por compartir esta experiencia tan llena de calma y belleza.
Qué bonita historia de superación personal, Luisa... 😊 Me alegra y te felicito por ello. Creo que es muy importante tener una buena relación con el propio cuerpo, apreciarlo más allá de su aspecto.
Me ha gustado mucho esta frase: "Respetando esa herramienta que me fue dada para probar la mortalidad." 😍 Me ha hecho recordar a otra frase que estuve a punto de tatuarme, hace un tiempo: "Beloved earthly suit" (Amado traje terrenal). 😊 Yo también tengo una historia de rechazo y posterior reconciliación con mi propio cuerpo... (tras muchísimo trabajo personal, me costó la tira!)
Gracias por compartir este pedacito de ti, y enmarcado en un entorno tan precioso, además.